martes, 26 de octubre de 2010

El pueblo atrás.

Andaba por la ruta diaria con una mirada atrás a mi pueblo entrando a debatirme en esa parte de la historia que no sirve de consuelo y devalúa la frase: “en los que los mejores paraísos son los pasados”.
En Faraján nací, hace cinco décadas, el pueblo era chico pero había bastante gente y se vivía del trabajo familiar y recursos naturales. Los niños hacíamos travesuras, y al anochecer corríamos a esperar los padres a las afueras, que venían del campo.
Pronto llego la emigración y esa espera en las afueras hubo que fijarla en el coche viajeros por si el correo nos traía noticias.
Había un vacío familiar, incertidumbre y tristeza. La gente se estaba yendo del pueblo y nadie hacia nada por evitarlo.
Hasta la guardia civil se la llevaron del pueblo, no era prescindible pero sus familias vivían con nosotros.
Se cerraron alambiques, lágales, molinos, hornos de pan, barberías, carnicerías, chacineras, carbonerías, arrierías, carpinterías y otros negocios familiares que existían.
Las familias se iban a las ciudades a buscar un futuro para nosotros. Yo fui uno de los que me quede aquí.
El pueblo solo quedó para el verano y quedaban los recuerdos, unos recuerdos que algún día se olvidan.
Pero ese olvido nunca ira conmigo porque su riqueza natural no se la llevaron y siempre estará aquí.
Después llego la democracia y el sistema cambio pero este pero lo dejo para otro post.

lunes, 11 de octubre de 2010

La primera visita a la Residencia

Que bien esta esto, si la Srta. Antonia levantara la cabeza, comentaban las abuelas en el pasillo de la entrada es que la residencia tercera edad Valle del Genal esta construida en el sitio del que era la casa de la Srta. Antonia y más tarde adquirida por el ayuntamiento en un proceso en acuerdo con el heredero para dicha obra social.
La curiosidad por visitarla y la importancia socioeconómica que genera en la zona me llevo a visitarla. Nada más entrar, mi animo cayo recordándome el internado donde yo pase un tiempo: a la derecha el despacho dirección.
A continuación recorrí las habitaciones, su buena distribución, la accesibilidad en los baños, la confortabilidad de los sillones de la sala de estar.
Posteriormente subimos a las otras plantas en un amplio ascensor. Allí se encuentra la enfermería, mas habitaciones de distinta distribución, mesas, sillas, aparatos, y juegos propios de geriatría
Por último en la última planta se encuentra una idéntica suite con una amplia terraza con buena vista de allí.

En los bajos es donde se encuentra una moderna e impecable cocina con acceso al comedor.
Y para cerrar mí visita me siento alrededor de una mesa y me imagino un abuelo que no se arrima a comer, una abuela que no se calla y otra sin maneras de comer, por lo que me levanto sin querer reconocer lo que alas personas nos ocurre cuando llegamos a la vejez.
Para terminar termino con la siguiente reflexión: “la tercera edad tiene un sitio digno en la vida, y esta residencia lo es”.